jueves, 21 de abril de 2016

Domingo 24 de abril, V de Pascua (Ciclo C)

LECTURAS


  • Hechos de los apóstoles 14,21b-27
  • Sal 144,8-9.10-11.12-13ab
  • Apocalipsis 21,1-5a
  • Juan 13,31-33a.34-35


Cuando la suerte está ya echada, y aceptada, es el momento propicio para tomar fuerzas recordando el porqué de todo. Con Judas de camino a cumplir con su parte en esta historia, a Jesús no le queda ya sino hacer pie en el sólido cimiento del origen de su misión como enviado del Padre, y esa es su glorificación, la fidelidad a lo que ha constituido su fundamento, su vocación. Su gloria es la gloria de Dios, que resplandezca su voluntad. Por eso, en este texto de Juan, Jesús enlaza el anuncio de que los acontecimientos se precipitan, para que a través de ellos se muestre que Él no quiere renunciar a su identificación con los planes de Dios, con el amor entre los hermanos. La mejor manera de ser fieles al modo de hacer en nuestras vidas lo que Jesús hizo con la suya es amarnos. Nosotros glorificamos al Padre, como Jesús lo hizo con su cruz y Resurrección, aceptándonos como hermanos y redescubriendo la verdadera relación para la que Dios nos creó, la del amor que es aceptación, solidaridad, comprensión, reconciliación y, siempre, vinculación a Dios.

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