lunes, 25 de abril de 2016

Jubileo de la Misericordia 10

Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro. ¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! (Misericordiae Vultus 5)
El año santo de la misericordia se cerrará el día de Cristo Rey, cuando del servicio que Él nos prestó a toda la humanidad, la Iglesia hace gala con su alabanza y con su compromiso por el Reino y la añadidura que él traiga: relaciones fraternas dentro de la comunidad, amables relaciones con la sociedad, sabiduría del que sabe comprender y ponerse en el otro lugar, iniciativas que a la esperanza le concedan un lugar y un tiempo para empezar a ser realidad. Para llegar con frutos en las manos a esa fecha de la clausura de esta invitación a refrescar nuestras entrañas de misericordia merece la pena encomendar todas nuestras reflexiones y propuestas al que gastó en misericordia su vida y su destino: 
«Jesús de Nazaret, Cristo de Dios, Señor porque sirves, Maestro que nos llamas amigos y no siervos, ayúdanos a mirar al hombre que somos y que es nuestro hermano, como tú lo veías, con la compasión y la ternura con que tú te dirigías a todos y con las que tú conseguías curar, saciar, llamar y salvar. La vida que entregaste en la cruz, por el amor que te llevó hasta ella, se ha multiplicado en nuestra fe y nos urge sin cesar a la caridad. Las palabras que pronunciaste para hacernos llegar el encargo del Padre, nos conquistaron el corazón y nos brindaron un horizonte de realización de nuestras vidas. Esas palabras nos han dado nuevos motivos para superarnos y ponernos manos a la obra en las tareas de tu Reino, en el compromiso compartido de recuperar la fraternidad perdida. Y por virtud de tu fidelidad y de tu generosa entrega, hemos descubierto en Ti, la imagen y semejanza divinas que Dios nos diera y que se empañaron con el pecado. Por todo ello, y por la resurrección que confirmó que venías de Dios y de Dios nos traías su incansable apuesta por todos sus hijos e hijas, te llamamos Señor. Y lo hacemos con cariño, confianza y responsabilidad. Porque creemos que tu señorío pone al hombre en su lugar, importante y central en la Creación, pero siempre bajo la amorosa tutela del Creador. Ayúdanos a ser como Juan, cuando le dijo a Pedro en un amanecer pascual: "Es el Señor" Ayúdanos a decirles a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que tú eres el Señor porque nos sirves, nos cuidas, nos guías, nos amas y nos das la vida eterna. Y para que así lo puedan llegar a creer, ayúdanos a decirlo del único modo creíble, con la misericordia, compasión y ternura con las que Tú nos miras y nos llamas amigos» Amén Jesús.

No hay comentarios: