jueves, 21 de julio de 2016

Domingo 24 de julio: XVII de Tiempo Ordinario (Ciclo C)

LECTURAS


  • Génesis 18,20-32
  • Sal 137,1-2a.2bc-3.6-7ab.7c-8
  • Colosenses 2,12-14
  • Lucas 11,1-13

Siguiendo con la invitación a la escucha y la oración que nos hacía el relato de Marta y María, este pasaje incide en la necesidad de pedir y de hacerlo constantemente. Esta oración no se justifica ni se invalida por el hecho de que se cumpla o no lo pedido. De hecho, al final del texto, Jesús precisa que la gran respuesta a nuestras peticiones es el Espíritu Santo. Puesto que la oración es conversación, sea de alabanza o de petición, de gratitud o de imprecación, en cuanto comunicación con nuestro interior y con Dios, la mayor realización a la que se puede aspirar es que dicha comunicación sea real, que se pongan en contacto y cercanía las realidades convocadas por la oración, Dios y nuestra humanidad. La petición supone un trabajo previo de autoconocimiento, el imprescindible para descubrir que estamos incompletos, no solo porque como humanos siempre estamos aprendiendo, creciendo, completándonos, sino porque únicamente cuando Dios forma parte de nuestra vida estamos dentro todos los de la casa, se cierra el círculo que nos define y que nunca se limitó al del yo y la mismidad. Creados para relacionarnos con Dios, cuando rehuimos, como Adán y Eva en el Edén, o claramente declinamos ese diálogo divino, como Jonás, nos quedamos a medio hacer y nos recluimos en una soledad cerrada sobre sí misma, vacía como la casa deshabitada.

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