lunes, 25 de julio de 2016

Jubileo de la Misericordia 19



19. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. (Misericordiae Vultus 10)
Vaya, que no se trata solo de hablar de misericordia, ni siquiera, y no sería precisamente poco, vivirla en nuestros compromisos y programas solidarios, es menester, con la misma importancia, convertirla en el estilo de funcionamiento interno de la Iglesia, en su manual de organización y el control de calidad de todas sus instituciones y planificaciones. Desde luego que debe ser la misericordia el contenido de la predicación de la Iglesia, el tenor de su espiritualidad y su teología, el argumento de sus tomas de postura y sus propuestas a la humanidad necesitada de su magisterio pastoral, de corte orientador y estimulante, más que de una tutela rectora de las ideas y las costumbres, algo que la sociedad que vivió la Ilustración, nunca más aceptará. Pero junto a ello, y no después sino al mismo tiempo, la Iglesia deberá encontrar la manera de que su plano institucional, muy amplio y desarrollado, que abarca desde la curia del Vaticano a la organización de cada parroquia del mundo, se empape de los modos y la esencia del proceder bondadoso, paciente, comprensivo, servicial y siempre dispuesto a brindar otra oportunidad, esto es, a adaptarse a la realidad del otro, que gasta con generosidad nuestro Dios, que hace salir el sol sobre buenos y malos. Concretamente, además de la misericordia convertida en caridad, atención solícita al pobre, se nos pide que también se ejerza una actitud comprensiva y más dispuesta a la aceptación de la postura del otro, tanto cuando el otro es foráneo a la Iglesia, como cuando se trata de un miembro de la comunidad. Porque, a pesar de que a veces se minimice o se ignore, la Iglesia sí tiene numerosas actuaciones en favor de los parados, la infancia en peligro de exclusión, la población privada de libertad, los enfermos, las inmigrantes y refugiados. Es un hecho, y aunque siempre se podría hacer más y mejor, negarlo sería una tremenda injusticia: la Iglesia actúa con misericordia en numerosos campos de la caridad y la solidaridad efectiva, permanente y desinteresada. Luego ahora se trata también de ampliar esta apertura del corazón a la relación con la sociedad y su cultura, intentando no demonizar ni condenar los comportamientos que se deben a cambios antropológicos y que están conectados con una ampliación de los derechos y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. Y, ya dentro de la comunidad, es seguro que sin alterar la comprensión dogmática del matrimonio o del orden sacerdotal, sería posible responder a situaciones que siempre se han dado, con medidas más accesibles y comprensivas para quienes de manera responsable y consciente asumen que su proyecto se ha visto truncado o modificado. Las nulidades matrimoniales y las dispensas para los que fueron ordenados presbíteros, son actuaciones en las que la Iglesia también podrá profundizar su mirada misericordiosa.

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