domingo, 14 de agosto de 2016

15 de agosto: Asunción de la Virgen María

LECTURAS


  • Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab
  • Sal 44,10bc.11-12ab.16
  • Corintios (15,20-27a
  •  Lucas 1,39-56

«Juntas como dos madres», como de la "dulce Virgen María" y la madre de Judas dice la vieja copla que tan bien cantara el inolvidable Enrique Morente, Isabel y María unen su acción de gracias por la vida que viene y por su participación en ella. Isabel supedita su alegría al gozo de la maternidad de María, y la Virgen incluye a Juan y a Isabel, y a todas las generaciones precedentes de Israel, en su proclamación de la acción divina que se pone de parte de los débiles. Este encuentro es un díptico que se completará con el que forman en el Jordán el Bautista y Jesús. Dos goznes de una misma puerta que abre a una salvación largo tiempo esperada y que ahora encuentra su presente. La Asunción de María devuelve a la madre de Jesús esa aportación a la historia de la humanidad, y la considera parte del cielo que su Hijo nos acerca con su vida, muerte y resurrección. Honores y alabanzas a María que no dejan de ser otras tantas señales de la grandeza de lo que aconteció en su hijo, la grandeza de su fidelidad y su generosidad. Vemos ya, en el plano de lo eterno y de lo ya cumplido que llamamos cielo, a la mujer que ha posibilitado que la Tierra se llene de esa vida nueva que Cristo prende en quienes lo reconocen como el Hijo de Dios. No escatima la Iglesia, pues, celebraciones y exaltaciones para la madre del Hijo, para la hija de Israel.

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