domingo, 28 de agosto de 2016

Jubileo de la misericordia 25


En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. (Misericordiae Vultus 15)
Las «periferias existenciales», a decir por lo que el papa explicita en este sustancioso texto, incluye, además de la precariedad material, un ingente y multiforme sufrimiento. Porque junto a las pobrezas económicas, siempre se dan mil formas de vulneración de la dignidad de la persona y de truncamiento de sus legitimas expectativas de crecimiento y desarrollo personal, también espiritual. Entre esas opresiones que nuestro sistema económico, cultural y político, genera como una contradicción con sus aparentes preferencias por la justicia y la igualdad (Declaración Universal de los Derechos Humanos) el papa resalta con razón el silenciamiento, la imposición de la invisibilidad. Los «que no tienen voz», además de no tener pan, techo, trabajo, educación, sanidad, libertades... tampoco tienen la posibilidad de hacerse oír. La indiferencia, la olímpica distancia de los pueblos ricos, es la causa de esta mordaza que amortigua los gritos y demandas de tantos pueblos y tantas personas. Claro que la respuesta a estas situaciones deshumanizadoras debe ser una apuesta decidida por un cambio en las estructuras que las provocan. Y no menos cierto es que, junto a esas transformaciones a nivel político local y mundial, hemos de encontrar y poner en práctica modos efectivos de solidaridad personal y comunitaria con las víctimas de esta corriente de expulsión de la vida y sus tesoros a todos los niveles.
Pero, si no pasamos por la «experiencia de abrir el corazón» a esas personas y su realidad, ambas respuestas, la política y la solidaridad, serán muy difícil de generar. Esta advertencia no es pesimista o negativa, sino que atiende al realismo de las opciones que se quieran serias y consecuentes. La apertura del corazón, la conversión a la alteridad, la activación de la empatía y la compasión, son procesos integrales —afectan a toda la persona—, trascendentes —van más allá del aquí y ahora— y condición previa para la acción y el compromiso. Y como muchos son los rostros que habitan esas periferias, y muchas las raíces que causan esa intemperie vital, variadas son también las puertas para abrir el corazón. La oración, el conocimiento crítico de la realidad, el intercambio de experiencias y testimonios, las oportunidades de inmersión... Pero, a modo de entrante, bien nos pudiera valer el ejercicio contemplativo de ver la película - documental Human, no nos dejará indiferentes, ¡vaya que no lo hará!

No hay comentarios: