jueves, 24 de noviembre de 2016

Domingo 27 de noviembre: I de Adviento (Ciclo A)


LECTURAS

  • Isaías 2,1-5
  • Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5. 6-7. 8-9
  • Romanos 13,11-14
  • Mateo 24,37-44
Mateo, tal vez porque sus destinatarios procedían del judaísmo, no pierde ocasión de anclar en la tradición de Israel la profecía de Jesús. Esa es también, al menos para Mateo, la relación del Bautista con Jesús. Pero, con la misma convicción que el evangelista que capitanea el ciclo A, inserta la predicación sobre el Reino de los cielos en el viejo solar judío, abre sus efectos a toda la humanidad. Y es que la universalidad de la alusión a Noé, supone, como lo hace también la escena mateana de la adoración de los Magos en Belén (Mt 2,1-12 ), una apertura de los destinatarios de la invitación de la buena nueva muy por encima de la estrechez exclusivista de un pueblo, una cultura, una religión. La seriedad de lo que jugamos afecta no solo a judíos, ni tampoco solo a los cristianos, sino a todas las personas. Porque todos estamos amenazados por la pérdida de sentido y la devaluación de nuestra dignidad humana. Por eso mismo, también el carácter escatológico, apocalíptico, que proyecta hacia el futuro la mirada del oyente («cuando venga el Hijo del Hombre») se vuelve con no menos decisión hacia el presente de cada hombre y cada mujer: «estad también vosotros preparados», porque ese hecho puede ser en cualquier momento, también puede estar ocurriendo ahora. De Israel a toda la humanidad; del futuro que solo está en manos de Dios al presente que depende de cada cual... esos dos arcos sostienen con una gran amplitud, generando un espacio sumamente diáfano, la visión que Mateo alza de Jesús, que es el Hijo del Hombre, y su misión. No viene mal pues, sino todo lo contrario, dedicar un tiempo específico del año, el Adviento, a ejercitar esa esperanza tan maltrecha de los avatares personales y sociales, presentes y universales. La venida del Señor y el Reino que Él anuncia son motivos para estar bien atentos y aprovechar cualquier momento para hacer el bien. Y esto, no tanto por ser cristianos, sino como hijos de Noé, que también lo somos, y todos.

No hay comentarios: