jueves, 15 de diciembre de 2016

Domingo 18 de diciembre: IV de Adviento (Ciclo A)


LECTURAS


  • Isaías 7,10-14
  • Sal 23,1-2.3-4ab.5-6
  • Romanos (1,1-7
  • Mateo 1,18-24

Salvada, al menos en conciencia, la honra heredada, faltaba esa última compostura que permite ir más allá de la costumbre. Hay un dejarse llevar por el Espíritu, con una docilidad que no es servil ni humillante, sino libre y generosa. El Espíritu no obra sólo en la concepción virginal, sino en esa escucha de la palabra que Dios nos dirige y que encontró aprobación y obediencia en María (Lc 1,26-038) y en José. Mateo se decanta por José porque aun dispuesto a romper, como de hecho lo había hecho ya la sinagoga con los cristianos, la pertenencia oficial al judaísmo, no quiere echar por la borda todo lo que a esa fe debe el cristiano. Para ayudarle, no faltan profecías en el Antiguo Testamento, en este caso es de nuevo Isaías (7,10-17) Porque, no en vano, los profetas de Israel llevaban tiempo oteando una figura mesiánica que llevara a su cumplimiento las expectativas del pueblo y de Dios. Las cosas son así, uno se compromete y luego le va como le va. A José, que se arriesgó, no le fue mal. A lo mejor, a pesar de las razones para desconfiar, merece la pena fiarse y echar para adelante. A María tampoco le fue mal, sufrió, y no poco, pero dio a luz al hijo de Dios y perdió, aunque no del todo ni para siempre, en la cruz al Hijo del Hombre, y entre una y otra vicisitud están tu esperanza y mi oración. Feliz Navidad.

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