jueves, 2 de febrero de 2017

Domingo 5 de febrero: V de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

LECTURAS


  • Isaías 58,7-10
  • Sal 111,4-5.6-7.8a.9
  •  Corintios 2,1-5
  • Mateo 5,13-16
Qué misteriosa y sorprendente esta luz que mana del madero sangriento y sin embargo aclara zonas de vida incluso en la muerte, la enfermedad, la pobreza, la confusión... como un faro en la noche, de aquella cruz salen chorros de luz hasta hacer luminosas nuestras propias vidas. Pero fijémonos bien, porque si el patíbulo del Viernes Santo resplandece se debe al camino que llevó a Jesús hasta colgar de él, el camino de la fidelidad, la confianza y el amor sin medida. La cruz no apagará, sino todo lo contrario esa claridad de la propuesta evangélica: las personas son más importantes que las cosas, más valiosas que sus ideas, su dignidad sobresale por encima de su comportamiento, no digamos ya de sus bienes económicos o de su posición social. De esta manera, la muerte y resurrección de Jesús multiplicarán lo esencial de su mensaje, adherido al verdadero culto en espíritu y verdad, que a Dios se le ama respetando la dignidad del otro, valorando sus cualidades, con gratitud hacia su testimonio y solidaridad compasiva en el infortunio y la desdicha. Todo lo cual redunda en la necesidad de favorecer la dimensión pública -política- de nuestra fe, que como las ciudades, es para habitarla y hacerla hospitalaria. ¿Cómo íbamos a esconder esta luminaria que somos? Sea, pues, para gloria de nuestro Padre.

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