jueves, 30 de marzo de 2017

Domingo 2 de abril: V de Cuaresma (Ciclo A)

LECTURAS

  • Ezequiel 37,12-14
  • Sal 129,1-2.3-4ab.4c-6.7-8
  • Romanos 8,8-11
  • Juan 11,3-7.17.20-27.33b-45
Aquí va a haber vida, pero primero hay también muerte, la de Lázaro y la del propio Jesús. Jesús va de la vida a la muerte, pero por la generosidad de esa marcha hacia la consumación de su entrega, puede conseguir que Lázaro vaya de la muerte a la vida. En el quicio de esas dos trayectorias está la resurrección. Pero si la muerte de Jesús es inexplicable sin su modo de vida, igualmente su resurrección es increíble si no se comparte el para qué ha vivido Jesús, el por qué de sus pasos hasta la cruz, que son los mismos que le conducen de la tumba a la plenitud de vida que solo Dios puede dar, incluso después de la muerte. En el recorrido cuaresmal, este evangelio, además de anticipar la pasión de Cristo, tiene un sentido bautismal. La muerte de Lázaro, que no es definitiva sino camino hacia la vida que ya no muere, es la que el Cristianismo cree que se experimenta en el Bautismo. Al incorporarnos sacramentalmente a Cristo y su Iglesia, los bautizados son invitados y capacitados para morir a todo lo que mata la vida del Espíritu y renacer con el Resucitado a la vida que crece cuando se da, cuando es acogedora con el pobre y el necesitado, vida que madura hacia dentro por la oración y la contemplación, y da frutos en el tiempo y con los hermanos que lo habitan. Lázaro eres tú y soy yo, pero solo Cristo nos hace pasar de la muerte a la vida como Él fue capaz de pasar de la vida hacia la muerte como umbral de su resurrección.

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