viernes, 7 de abril de 2017

Domingo 9 de abril: Domingo de Ramos y de Pasión

LECTURAS

  • Mt 21,1-11
  • Isaías 50,4-7
  • Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24
  • Filipenses 2,6-11
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26,14–27,66
Como un péndulo que va de un extremo a otro, la liturgia del Domingo de Ramos nos lleva de la euforia con palmas y vítores dedicados a Jesús, que entra triunfal en Jerusalén, al rechazo del justo doliente cuya pasión vemos encarnada en la de Jesús juzgado, condenado, ejecutado. Y en este vaivén de emociones vemos las propias de nuestra vida creyente, entre la devoción ferviente y el renuncio vergonzante. Entre medias las no menos traidoras medianías y ambigüedades. Que el Señor espabile nuestros oídos esta Semana Santa. En su versión de este pasaje contado por los cuatro evangelistas, Mateo coincide con Juan y lo interpreta a la luz de una combinación bíblica de Is 62,11 y Zac 9,9: el que viene montado en un pollino es el rey y eso supone un gozoso anuncio para la hija de Sión, Jerusalén. Juan y Mateo han elegido un tono esperanzador y profético para comprender este hecho con el que principia la semana última de Cristo. Un tono cargado de resonancias históricas, porque Jesús no vive ni realiza su misión suspendido inalterable sobre el tiempo. Es en este Israel de la dominación romana, una más de tantas ocupaciones y vicisitudes políticas que le negaron el derecho a ser libre, cuando Jesús proclama esta profundización novedosa en la comprensión de quién es Dios y de la relación que Él quiere con nosotros. En un momento crucial para la historia de Israel, que aquí desempeña un papel de concreción y anticipación de toda la humanidad, Jesús aún la esperanza en que todo puede ser distinto cuando hundimos nuestras raíces en Dios y nos amamos como hijos suyos. Pero esta esperanza es inseparable del compromiso decidido y arriesgado que la cruz consuma, no de otra manera se hacen realidad las profecías, sino con la participación plena de toda nuestra vida, como la que Cristo pone, tras las gozosas horas de este Domingo triunfal, en la cruz que completa el camino alfombrado hoy con ramos, y sembrado de aparente fracaso subiendo el Calvario. El péndulo no solo va -de Ramos a la Pasión-, sino que debe, por la fuerza de la historia de la salvación, volver de la cruz a la resurrección.

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